Mi vida por un lichi

Yang Gui Fei fue la esposa del emperador de la Dinastía Tang,  Ming Huang, según la leyenda era una mujer tan bella que la llamaban “xiou hua”, frase que hace referencia al dicho “las flores se avergüenzan ante tal belleza”. Cuando su esposo la conoció le mandó a construir un lujoso palacio, que incluía una fuente de aguas termales, suponiendo que ese era el secreto de belleza. Sin embargo, este sólo era una parte del tratamiento, para complementarlo, incluía en su dieta diaria grandes raciones de lichi, el fruto “de la eterna juventud”. Por eso, el problema surgió cuando se mudaron al espectacular palacio emplazado en una región donde no crecían los lichis, por lo cual era necesario cruzar la frontera para conseguirlos, obviamente, cuando llegaba a manos de  la emperatriz, ya no estaba frescos, cuestión que solía ponerla de mal humor. Como era muy consentida por su marido decidió mandar a sus soldados a buscarlos por una ruta secreta que utilizaban únicamente los mensajeros  de guerra. De esta manera se acortaba el tiempo de viaje y llegaban frescos.

Toda la población sabía que, cuando un mensajero pasaba por esa ruta a todo galope, los invasores habían traspasado la frontera, por lo cual era necesario que se preparen para la batalla. Sin embargo, cuando comenzó a utilizarse como una suerte de delivery, ya nadie le prestaba atención; así fue como un día realmente el reino estaba siendo invadido y nadie se preparó.

Ante esta situación, tanto el emperador como su esposa y los hombres de confianza del gobierno huyeron para no ser apresados. Una vez a salvo, fueron los mismos guardias quienes exigieron la cabeza de Yang Gui Fei, ya que por su culpa habían perdido todo.

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